
Lo que no implica malas noticias.
El éxito de 28 días después causó la reacción inmediata en estos tiempos: una secuela que se llama 28 semanas después. Aunque no está dirigida por Danny Boyle, sino por el canario Juan Carlos Fresnadillo (el de la rara Intacto, donde combinaba en el elenco a Max Von Sydow con Leonardo Sbaraglia), hay algo que permanece de una versión a la otra y es la precisión.
¿Diferencias? Aquí se cuenta la historia de una familia en lugar del héroe primero individual y luego colectivo del primer film. Aquí hay mucha menos poesía en las imágenes y mucha más acción. Lo que en la primera era más bien sátira (sangrienta) aquí pasó a la crítica política. Básicamente, las escenas de horror son igualmente efectivas.
La mayor virtud del film, además de adherir a la nueva corrección política mediante la cual todos los militares son prepotentes e idiotas (y qué razón tienen, por lo demás) y los estadounidenses son los peores, es la manera como Fresnadillo nos introduce de lleno en la acción. Los primeros minutos no dan cuartel al espectador y, una vez desatado el infierno (que incluye no pocas observaciones sobre la institución conyugal y familiar), no hay modo de aburrirse. Sí, quizá no es la mejor película de la historia, pero respeta la artesanía del horror con suficiente mérito como para vivir más allá de su predecesora.
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