
Empata, pero igual sale airosa.
Si bien es una de las actrices estadounidenses más importantes de la actualidad, no siempre es una garantía la presencia de Julianne Moore. Aunque -nobleza obliga- podemos animarnos a ver un film donde está ella porque, por regla general, no elige mal sus roles.
Esto viene a cuento por La ganadora, la historia de una mujer que, en el momento de mayor florecimiento económico de los Estados Unidos, mantiene a su familia ganando concursos. Una familia de diez hijos y marido alcohólico, lo que nos mete de lleno en el terreno del melodrama. Pero vuelvan a leer el punto de partida: verán entonces que se trata de una historia extraordinaria que merece ser llevada a la pantalla.
El resultado no es necesariamente un film "extraordinario", sino un atisbo, un remedo, un esbozo de lo que podría haber sido. Y es la señora Moore la que logra que veamos esa grandeza potencial que, por una puesta en escena más bien convencional y el miedo para llevar las emociones al extremo, no logramos ver.
Pero hay algo más, algo que llama la atención. Si piensan en Las Horas o en Lejos del Cielo, hay en el rostro de Julianne Moore un remedo de los Estados Unidos de los 50 que, en ese contexto, la vuelve más auténtica que cuando trabaja en films "contemporáneos". Su cara redonda, sus ojos acuosos y cercanos al llanto parecen acercarla a la era donde el melodrama reinada. Un film puede no ser excelso, pero adquiere a veces su sentido con elecciones tan acertadas como esta.
Para más: no dejen de buscar y ver Safe, la obra maestra de Todd Haynes que lanzó a la Moore (o Jurassic Park II, que es tan buena...).
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