
¿Acaso no era previsible?
En 1968, un film del británico Peter Yates terminó de establecer los parámetros de una nueva forma de thriller, aquel que combinaba la acción sin límites con un retrato sin concesiones de las relaciones entre crimen y política. El nombre de esa película era Bullit y, si no era la Mayor Genialidad de la Historia, tenía en el protagónico a uno de los últimos grandes rostros clásicos, Steve McQueen.
¿Acaso pensaban que tal obra llena de elementos taquilleros iba a salvarse de ser rehecha, "recapturada" para el público actual? Pues bien: hace años que Brad Pitt quiere ser el sucesor de McQueen en la pantalla grande. Y parece que, finalmente, va a lograrlo. Pero no es que le dieron "luz verde" porque los ejecutivos piensen que sí, que es una gran idea, sino porque el sindicato de actores de los Estados Unidos está en pie de guerra y a punto de comenzar una huelga cuyas consecuencias son imprevisibles. Pero si se pone en movimiento un proyecto, los actores que negociaron para entrar en él no pueden pararlo. Así que, en estos momentos, Bullit es una de tantas cintas que se preparan para poner a los intérpretes en movimiento antes de que sea demasiado tarde.
Para que quede claro: no hay ni director, ni guionista, ni productor asociado aún al proyecto. Sólo la estrella y, probablemente, el presupuesto.
Así va el mundo.
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